Cada quien marca lo que le sirve, y el acuerdo lo reserva
Proponer a un grupo significaba que quien tocaba primero decidía por todos. Ahora cada persona marca todos los horarios que le vienen bien, y la reunión solo se reserva cuando de verdad coinciden.
Enviar una propuesta a cinco personas siempre ha funcionado, pero solo de una forma: quien tocaba primero se quedaba el hueco y los otros cuatro se enteraban después. Ese es el comportamiento correcto cuando reservas una reunión con quien antes esté libre. Es el equivocado cuando la reunión necesita a los cinco, que para un patronato, un panel o una revisión es casi siempre, y la solución era una cadena de correos, justo lo que Hotline existe para terminar.
Ahora hay una tercera opción al proponer a dos o más personas: que cada quien marque lo que le sirve. Cada persona sigue recibiendo su propio enlace y, en vez de elegir un horario, toca todos los que le vengan bien. Nadie reserva por el grupo. Si uno de tus horarios les sirve a todos, se reserva solo y salen las invitaciones; si ninguno sirve, la decisión vuelve a ti.
Cuatro reglas deciden cuándo hay acuerdo, y conviene conocerlas porque son las que impiden que esto se atasque. Todo el que sigue en juego tiene que haber respondido: cuatro de cinco no es acuerdo mientras el quinto lo está pensando. Quien rechaza sale del recuento en lugar de volver imposible el acuerdo, lo que importa justo en el caso en que más necesitas que el resto converja. Los empates van al horario que ofreciste antes. Y un grupo sin nada en común no falla en silencio: Reuniones te muestra todas las respuestas, una fila por horario ofrecido, con cuántos pueden en cada uno y a quién sigues esperando, y un Confirmar en cada fila, incluidas las que nadie marcó, que te lo advierten antes de que elijas.
Nada de lo que ya has enviado cambia. Un horario compartido que fija quien toca primero, y enlaces separados que reservan cada uno el suyo, funcionan exactamente igual que antes.